Chivo expiatorio: sacrificar al individuo, salvar al grupo

Chivo expiatorio: sacrificar al individuo, salvar al grupo

Chivo expiatorio: o aceptas las reglas del grupo y te sometes o eres expulsado

Yom Kippur o “Día de la expiación” es una ceremonia ritual religiosa de origen hebreo. Se utilizan dos chivos, machos cabríos jóvenes. A uno se le sacrifica buscando el perdón para los pecados de la comunidad. Al otro, se le abandona en un desierto para que cargue con esos pecados. René Girard, estudioso de la antropología y de las religiones, utilizó esta ceremonia y muchas otras de los pueblos primitivos para explicar su Teoría Mimética.

Girard señala que la violencia es consustancial a la condición humana y al funcionamiento de los grupos. Y que la violencia es inherente al ejercicio del poder tanto religioso como político. Que son los grupos los que determinan los códigos morales, y que cuanta mayor rigidez más probable es ese uso de la violencia.

Se llama Teoría Mimética porque Girard define el comportamiento humano no movido por la racionalidad, sino por el deseo y el mimetismo. Un deseo no estimulado por el valor intrínseco del objeto, sino por el deseo del otro: “el hombre busca hacerse un ser que está esencialmente fundado sobre el deseo de su semejante”. El yo, el otro y el deseo. Y en esta estructuración del deseo, en función del deseo del otro, se constituye la rivalidad y, consecuentemente, la violencia. Caín y Abel.

Por eso, argumenta Girard, los grupos tienden a establecer rituales donde se identifica un culpable, el chivo expiatorio, que sirve para que la comunidad expíe sus culpas, renueve sus votos, estreche sus vínculos y consolide su narrativa. Sin esta “solución” la comunidad podría acabar autodestruyéndose por las continuas rencillas y odios. Y por esta razón, el sacrificio de un chivo expiatorio termina siendo un proceso periódico, que restablece el orden hasta la nueva crisis y el nuevo sacrificio.

El concepto de chivo expiatorio ganó predicamento y se ha utilizado ampliamente en sociología. La depuración, expulsión o señalamiento de un miembro de la comunidad, visto como diferente o peligroso. O aceptas nuestras reglas y te sometes o eres expulsado. Lo hemos visto en multitud de situaciones sociopolíticas; desde la persecución de los judíos en la Alemania nazi, pasando por los comportamientos racistas, hasta la tendencia actual inquisitorial del movimiento de la corrección política.

El mecanismo del chivo expiatorio se puede ver en ámbitos variados: en la escuela, en los trabajos, entre amigos, en la familia.

El chivo expiatorio en el contexto familiar

El concepto de chivo expiatorio dio el salto al ámbito de la psicología y la psicoterapia de la mano de diversos autores del modelo sistémico familiar.

Apuntar a un enemigo es una estrategia típica para mantener al grupo controlado. Ocurre en todo grupo social con historia, también en el contexto de las familias.

El modelo sistémico se apoya en tres supuestos básicos: la visión del síntoma como un fenómeno interpersonal, no intrapsíquico; la realidad como una construcción personal, y la familia vista como un sistema con dinámica propia, más allá de la suma de sus miembros.

Chivo expiatorio en el sistema familiar también se le conoce como paciente identificado, el señalado como problema, y que representa la parte visible de un problema familiar encubierto. Incluso sus síntomas son, en muchas ocasiones, una “metáfora” de esa toxicidad familiar crónica, oculta.

En las familias crónicamente disfuncionales que enfrentan crisis frecuentes, es habitual el mecanismo del chivo expiatorio.

La elección por el sistema familiar de un paciente identificado no suele ser casual. Frecuentemente suele ser un hijo vulnerable o rebelde, sensible a la injustica, que no se calla y que suele confrontar las ambigüedades e incoherencias familiares.

El proceso comienza muchas veces a temprana edad, con el etiquetado a uno de sus miembros como diferente, como oveja negra; se hacen profecías catastróficas sobre él; y a partir de esta estigmatización, el chivo expiatorio cargará con todas las culpas, las propias y ajenas. En momentos de situación conflictiva el chivo expiatorio será señalado como el principal responsable; nada de lo que haga lo hará bien; sufrirá más indirectas, rechazos y descalificaciones que el resto de la familia junta. Porque esa es su función dentro del grupo; ser el basurero de los resentimientos de los demás, el depositario de las frustraciones acumuladas.

El chivo expiatorio es culpable, y eliminarlo consigue superar la crisis. Culpable y salvador. Esta doble condición atrapa en una paradoja a la persona etiquetada de chivo expiatorio. Su sacrificio sirve para el grupo; si la dependencia emocional y la necesidad de pertenencia son más fuertes que la defensa de su propia dignidad, el chivo expiatorio aceptara su papel, aún a costa que una parte de sí mismo muera con eso.

El chivo expiatorio percibe la violencia sobre él, el peso de la etiqueta, pero una parte de él se cree esa definición distorsionada que el grupo le devuelve. El conflicto interno está servido y el sufrimiento emocional le acompañara durante mucho tiempo, y arrastrará su conflicto y su sentimiento de inadecuación a todos los contextos donde interaccione.

El chivo expiatorio, una vez que toma conciencia de su condición, necesita alejarse del sistema que le ha señalado; alejarse de esa toxicidad le permitirá recuperar su dignidad, sentirse libre y encontrar en otros grupos un rol más ajustado a su verdadera potencialidad.

La ayuda psicoterapéutica en estos casos consiste en ayudarles a mentalizar el peso de esa etiqueta impuesta por el grupo, ayudarles a despojarse de las estrategias disfuncionales que fueron desarrollando para sobrellevar ese rótulo, y ayudarles a diferenciarse y alejarse emocionalmente de esa dinámica familiar corrosiva.

Dicho de otra manera, la ayuda psicoterapéutica consiste en salvar al individuo, incluso sacrificando al grupo.

 

José Antonio Barbado Alonso

Psiquiatra y Psicoterapeuta

MIMAPA – Centro de Psiquiatría y Psicología en Ourense

 

 

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