Hacia una sociedad traumatizada

Hacia una sociedad traumatizada

La triada emocional del trauma

Vivimos malos tiempos. En nuestro país estamos atravesando una tragedia que va a provocar consecuencias psicológicas importantes. Podemos hablar de trauma colectivo, ya que el trauma estará detrás de la mayoría de las manifestaciones psicopatológicas y éstas afectarán a un porcentaje elevado de la población.

En esta tragedia colectiva se observará en las personas afectadas lo que podemos llamar la triada emocional del trauma: la sorpresa, el miedo y la impotencia.

  • Sorpresa, expresada tantas veces por tanta gente al señalar lo extraño de lo que está ocurriendo, la incredulidad que nos provoca. “Como si estuviera viviendo una película”, “de ciencia ficción”, afirman algunos.
  • Miedo, que sigue inmediatamente a la sorpresa; miedo al contagio, miedo desencadenado por las noticias sobre los fallecimientos, miedo multiplicado por el confinamiento y por la incertidumbre ante lo que nos pueda esperar.
  • Y la impotencia. La indefensión por una situación ante la que parece que no cabe ninguna acción protectora o correctora.

De manera que el evento, esta pandemia por Covid-19, está provocando las respuestas emocionales características de la reacción psicotraumática. Un evento traumático que transcurre como diferido en el tiempo, transmitido a cámara lenta, y que empezará a mostrar sus señales colectivas de daño emocional cuando se vuelva a una aparente normalidad.

¿Por qué insistimos en que la pandemia puede provocar traumas en mucha gente?

En los datos epidemiológicos sobre el estrés postraumático se menciona que suele haber una incidencia mucho más baja de trastorno de estrés postraumático tras un desastre natural que si el trauma es de tipo relacional; es decir, cuando en el trauma ha existido, de alguna manera, la intervención humana.

¿Estamos ante un desastre natural? No. No, solamente. Creemos que esta tragedia tiene una mezcla dañina de desastre natural y trauma relacional.

El desastre natural es evidente. Una pandemia. Pero a nivel individual, cuando nos sucede algo potencialmente traumático,  uno de los factores resilientes es tener el apoyo y la protección necesaria de alguien cercano; ese apoyo que nos proporciona seguridad.

Lo mismo ocurre a nivel colectivo. Esperamos que quienes gestionan la cosa pública nos brinden ese apoyo emocional y la seguridad necesaria.

De manera que el trauma relacional no es, solamente, una cosa que solo ocurre entre dos personas.

The British Psychological Society  ha publicado recientemente una propuesta loable de ofrecer un sistema alternativo  alejado del modelo médico tradicional, basado en el modelo del trauma y en la teoría del Apego. Lo llamó  el Marco de Poder, Amenaza y Significado. En este modelo se intenta explicar y conjugar las múltiples influencias individuales, relacionales y sociales que originan el sufrimiento mental. Por una parte, el poder y el ejercicio de la coerción, tanto a nivel interpersonal, familiar, grupal, colectivo, político;  la amenaza al sistema psicobiológico que eso representa para cada individuo; el significado que ese individuo atribuye a la experiencia vivida y lo que tuvo que hacer para enfrentarse a la amenaza. En definitiva, la psicopatología vista como una respuesta adaptativa a todas las amenazas que podemos encontrarnos en la trayectoria vital, y la comprensión de que las nociones de daño y salud van a cambiar en función del momento, del lugar y de la comunidad concreta.

Lo que está ocurriendo a lo largo de todo este proceso señala a una serie de grupos específicos de población que posiblemente estén viviendo esta tragedia, no solo como un desastre natural sino también como un trauma relacional, como una amenaza provocada por intervención humana y por el ejercicio negativo del poder.

Esos grupos poblacionales, vulnerables a presentar una alta incidencia de estrés postraumático serían:

  • El personal de primera línea: sanitarios, parasanitarios y fuerzas de seguridad. Ellos han vivido con mayor intensidad que los demás la sorpresa y el miedo, y aún mucho más, han sentido la indefensión y la frustración de verse desprotegidos. Somos el país del mundo con mayor número de sanitarios contagiados.
  • Los familiares de los miles de fallecidos. Han tenido que sufrir el dolor de la pérdida, que no han podido ver a sus familiares, que muchos han estado soportando la incertidumbre de dónde estaban y si aparecerían las cenizas de sus fallecidos; que, además, tienen que llevar la frustración de sentirse “olvidados” por la mayoría de los medios de comunicación, por las sociedad, en definitiva. Es esperable  en este subgrupo la aparición de Estrés postraumático y duelos complicados. Toda cultura desarrolla una serie de símbolos y rituales que permiten reconducir las emociones y las adversidades. El duelo es uno de estos símbolos. El duelo no es un asunto privado; es un asunto público; incumbe a todos aquellos allegados y personas que conocieron al fallecido; el acompañamiento a la familia y el compartir su dolor, hacerlo visible al microcosmos en el que habitamos, es uno de los recursos que socialmente hemos desarrollado y que facilita la elaboración del duelo, que ayuda a digerir el dolor emocional. Que haya casi 30.000 fallecidos y que como sociedad, desde el Poder y desde los medios de comunicación, estemos atrapados por el tabú moderno a la muerte y que no realicemos este ritual de acompañamiento ante una tragedia de este tamaño, nos lleva fácilmente a prever un alto número de estrés postraumático que va a aparecer en este grupo de población.
  • Mucha gente que se ha quedado sin trabajo. Tienes un trabajo, o tienes un pequeño negocio, te permite llevar una vida, pensar en el futuro, prosperar y hacer planes, y de repente: la sorpresa del impacto de quedarte encerrado en casa, perder el trabajo; al miedo al contagio se añade el miedo a encontrar un trabajo en un país  que cuando acabe el confinamiento será mucho más pobre que antes, y que las consecuencias pueden durar mucho tiempo, y la frustración de no sentirse ayudado por el Poder. Nos habíamos acostumbrado a ese Estado del Bienestar, éramos una sociedad sobreprotegida que pensaba que todo estaba cubierto; ahora vemos claramente nuestra fragilidad, ahora sentimos que ya no hay lugar seguro, y vemos con cierto estupor que estamos prácticamente solos. Otra vez la sorpresa, el miedo y la indefensión.
  • Las personas vulnerables al trauma. El factor predictivo más importante para padecer estrés postraumático es tener antecedentes de trauma. Antecedentes de trauma único o antecedentes de trauma acumulativo durante el desarrollo. Y hay mucha población con este tipo de historias previas.
  • El confinamiento y el clima intrafamiliar. Al confinamiento del exterior, de la vida social y laboral, para mucha gente esto está suponiendo, además, un confinamiento en el interior de su casa, porque ahí dentro es donde está el infierno peor. En los hogares donde hay violencia y maltrato, estar obligado a convivir 24 horas con tu maltratador, y casi sin posibilidad de recibir ayuda, va a suponer un incremento del sufrimiento emocional, como así parece que está ocurriendo según los datos que se refieren.
  • El confinamiento y la mentalidad colectiva. Estamos confinados; hemos dejado nuestros trabajos, el futuro está en peligro, y además nos piden que no protestemos, que no critiquemos. Parece una loa a la indefensión aprendida, similar a la situación que padecen las víctimas de maltrato. Sabemos que la libertad de expresión, y por tanto de crítica, es un derecho constitucional, pero el mensaje repetitivo desde el Poder y desde los medios de comunicación es suficiente para que, vivido como una amenaza velada, alguna persona, temerosa del rechazo del grupo al discrepante, al divergente, se asuste, se calle, se sienta desprotegida. Los seres humanos nos hemos servido para nuestro progreso de nuestra capacidad de crear sistemas de creencias que facilitan la colaboración colectiva; pero también han servido para para expulsar del paraíso social a aquellos que no las compartían. Tanto la sanación como el daño vienen de los otros.

Psicoterapia: único tratamiento específico frente al trauma 

En la vuelta a esa “nueva normalidad” -la normalidad no tiene adjetivos- nos vamos a encontrar con un alto índice de casos de malestar emocional de distinta naturaleza y gravedad. También sabemos que en el trauma psicológico se pueden estabilizar los síntomas con psicofármacos, pero su tratamiento específico es con psicoterapia.

¿Está preparada la sanidad pública, e incluso la privada, para asumir el tratamiento efectivo de todos estos casos? ¿Cuántos profesionales están adecuadamente informados sobre el trauma y su tratamiento? ¿O nos vamos a limitar a medicar exclusivamente a todos estos pacientes, a doparlos en definitiva, y dejar correr el dolor de sus traumas?

Hemos querido expresar como profesionales de la psiquiatría y de la psicoterapia nuestra preocupación por la futura ola de trastornos mentales que se avecina.  Como profesionales que tratamos con el trauma, nos encontramos muchas veces implicados en el conflicto entre víctima y perpetrador. Pero un profesional del trauma no puede permanecer neutral, y tiene que estar dispuesto a dar crédito y testimonio al sufrimiento. Querer mantenerse equidistante, neutral, no implicarse, como lo vemos muchas veces en el trauma colectivo por el terrorismo o por la violencia de Estado, es en realidad haber elegido el bando del perpetrador. No se puede normalizar lo que está siendo dañino para la sociedad, para muchos de sus miembros. Lo dice perfectamente el arzobispo y activista por la paz Desmond Tutu: “si permaneces neutral en una situación injusta, has elegido el bando del opresor”.

Queremos expresar nuestra solidaridad con nuestros compañeros sanitarios; nuestro más sentido pésame a aquellas personas que han perdido a un familiar en esta hecatombe;  y por último, expresar nuestra indignación por la falta de sensibilidad y de empatía por el dolor emocional mostrada por las esferas del poder.

 

José Antonio Barbado Alonso    Psiquiatra y psicoterapeuta

Mercedes Fernández Valencia    Psiquiatra y psicoterapeuta

 

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